| ¿Consenso o Unidad? |
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| Cuadernos Temáticos - Unidad en la Diversidad | |||||
| Lunes, 30 de Noviembre de 2009 18:46 | |||||
Página 1 de 2 El presente artículo fue tomado del sitio web del Foro Colombiano para la Construcción de Alternativas Sociales - Alternar (www.alternar.org), escrito y publicado por el autor. IntroducciónMucha gente tiene en el mundo excelentes ideas, preparación adecuada y capacidad de iniciativa, al igual que un espíritu de servicio a toda prueba, una sana independencia de los grupos, las doctrinas o las corrientes ideológicas y políticas vigenes, aunque tengan alguna creencia o tendencia particular, y un comprobado desinterés en obtener beneficios con su aporte. Y Colombia no es la excepción a este respecto: hay mucha gente preparada, profunda, sincera, valiente y servicial en todos los campos del accionar individual y social, gente que quisiera contribuir, sinceramente, a construir un país más justo, más próspero, más pacífico y más unificado. Y sin embargo, por razones, muchas de ellas analizadas y explicadas suficientemente, y otras, que laten en el fondo de los problemas sociales de la humanidad y que son su causa más profunda, su posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos en una dirección deseable y deseada, es muy limitada y se ve desbordada por la realidad, por la presencia y el predominio de lo que hemos denominado como los factores reales de poder en la sociedad en el artículo de Unidad en Diversidad vs Poder. Y es que ha sucedido que, una y otra vez, diversas iniciativas ciudadanas que buscan construir una capacidad de acción unificada de la sociedad civil colombiana para superar nuestros problemas más agudos y persistentes, se han estrellado, o bien contra un muro de indiferencia general, o contra un universo de prejuicios en medio de una polarización ideológica y política, o contra las limitaciones del modelo de gestión social que buscan desarrollar por la existencia y supremacía de factores que no se pueden controlar, aun aportando el mayor espíritu de apertura, inclusividad y tolerancia posibles. Y es con respecto a este último aspecto, o sea a las limitaciones del modelo de gestión social en su versión renovada y que busca aplicarse como alternativa al interior del sistema democrático, que escribimos estas líneas, porque creemos firmemente que no es adecuado para las actuales necesidades de la humanidad, y que al cambiar el modelo, tanto el muro de indiferencia como el universo de prejuicios pueden superarse en forma gradual y definitiva. Los problemas del consensoLa limitación fundamental del modelo actual de gestión social es que, por más ideas renovadoras que se desarrollen en su interior, por más herramientas novedosas que se le incorporen, por más participación, inclusión, respeto, tolerancia, diversidad y creatividad que se busquen aplicar, el modelo está anclado en el paradigma fundamental del orden vigente que debemos superar, o sea sigue atado a la concepción del poder como objeto de lucha, conquista o apropiación por parte de los diversos sectores y fuerzas sociales en conflicto, por lo que podemos afirmar sin ambages, que ningún sistema sociopolítico o económico existente en el mundo ha logrado ni está en camino de lograr la superación del problema del poder, ya que en último término, aun en la concepción más progresista, se considera legítimo que se compita, en términos pacíficos, o sea con las herramientas de la democracia formal, sea en el campo político y en otros escenarios sociales, por la conquista del poder, por su acrecentamiento, por su acumulación y que en el mejor de los casos, se trabaje por ponerlo al servicio de las mayorías. Podemos sustentar nuestra afirmación, cuando comprobamos que en dicho modelo, se habla, por ejemplo, de una mayor gobernabilidad o de una mayor capacidad de gestión del gobierno elegido, por el camino de construcción de los llamados consensos sociales, por lo que el último objetivo del modelo es el logro del consenso, que supone que diversos grupos sociales, políticos y económicos, concurren a lograr acuerdos sobre lo fundamental, sobre las reglas mínimas y básicas de convivencia general y de respeto normativo e institucional, y dejan todo un campo muy extenso no consensuado, que podemos llamar de disenso, para que las diferentes opciones ideológicas o políticas traten de convencer al electorado y busquen aplicar su proyecto particular al ganar su favor. La diferencia fundamental entre un acuerdo normal y un acuerdo por consenso está en que en el primero, simplemente se impone la voluntad de las mayorías que se forman para tomar una decisión y en cambio, en el segundo, se toma en cuenta a las minorías en el proceso, al menos aceptando o atenunado parte de sus objeciones, para que la decisión sea lo más satisfactoria posible para todos los sectores involucrados. Sin embargo, resulta claro que no es posible lograr el consenso sobre todos los aspectos de la vida social, política y económica de una nación, pues ello equivaldría a la escogencia de un sistema o modelo previo, ya sea este conservador, liberal o socialista, o una mezcla de ellos, y con ello se anularían las distintas opciones predefinidas de competencia por el poder y por lo tanto a la democracia tal como la conocemos. En todo caso, en teoría, este sistema donde se buscan construir consensos sobre los aspectos fundamentales de la sociedad y se permiten los disensos en el modelo sociopolítico y económico a aplicar es lo más civilizado a lo que puede llegar nuestra sociedad contemporánea, es la muestra de su madurez y permite la alternancia de las opciones en el poder y la efectividad de los controles y contrapesos existentes, beneficiando con ello al conjunto de la sociedad. Pero, entonces, como hemos buscado demostrar en el artículo de la unidad en diversidad y el poder, los factores de poder real en una sociedad, en ese amplio terreno donde es posible el disenso, ya sea en el campo de la política partidista o en el de la lucha económica, cultural y social, impiden la realización de este ideal de beneficio colectivo, si tomamos sobre todo en cuenta al conjunto del sistema, o sea a toda la humanidad, ya que después de siglos de aplicación y supuesto perfeccionamiento del modelo, la mayor parte de la humanidad sufre de pobreza, falta de libertad y de marginación, además de estar bajo la amenaza de grandes catástrofes naturales y sociales. Muchos sostienen que el problema está en que el modelo no se ha extendido o madurado lo suficiente en todo el mundo como si lo ha hecho en algunos países, pero nosotros creemos que los factores de poder real que son inherentes al modelo, son los que impiden dicha extensión y maduración, ya que en los países con menos recursos, esos factores, internos y sobre todo externos, deforman y corrompen buena parte de las estructuras sociales y los valores culturales propios, alterando el funcionamiento del sistema democrático formal. No obstante, no hay necesidad de ir tan lejos, pues también puede demostrarse que al interior de los países más prósperos y civilizados, en los términos comunes de medición de estos niveles, existen grandes desequilibrios y deformaciones sociales, además de mencionar, entre otros aspectos, el enorme daño que sus sistemas de producción y de consumo extensivo le han producido y le producen a la salud del planeta. Lo que sucede, sin embargo, es que como buena parte de la población en esos países, o por lo menos la que puede expresarse en términos reales, está satisfecha con su modo de vida y le da la espalda a lo que sucede en el resto del mundo pues cree que no tiene responsabilidad en ello y no le concierne, se considera que el modelo funciona bien, o que al menos no existe un modelo superior, en el sentido de lo que dijo alguna vez Churchill de que "la democracia era el peor de todos los sistemas existentes... con excepción de todos los demás". En todo caso, la verdad monda y lironda, es que el modelo beneficia a una pequeña parte de la humanidad, pues de ninguna forma y en ninguna parte se ha logrado superar el problema del poder, al dejar intacta "la predominancia de los factores reales de poder en la sociedad", factores que cuando no son muy extorsivos con los habitantes y los recursos de los países en donde tienen su asiento, si lo son con buena parte de los habitantes y recursos de la mayor parte de países del planeta, como es el conocido caso de las empresas multinacionales, que en sus países sede respetan, al menos en cierto grado, las leyes y los derechos fundamentales de sus ciudadanos (claro, no los de los inmigrantes ilegales), pero fuera de ellos corrompen, manipulan y violan todas las normas y los principios de ética, igualdad y legitimidad, aliándose casi siempre con élites de poder local que muchas veces han contribuido a formar. |
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